Vivo, como, hablo y respiro música. Claro, típico de un melómano, pero en estas últimas semanas algunas cosas hacen que esa rutina sea un tanto especial.
Muchas cosas cambiaron durante estos años de separación, estamos más adultos y el destino se encargó de repartirnos geográficamente por distintos lugares, por lo mismo, hay costumbres que nunca volverán: Ya no más juntas en la casa de alguien para planear el ensayo del siguiente día, no, ahora pura coordinación vía mail, msm y mucho teléfono. Nada de cargar los instrumentos y equipos a la “casa chica” en el patio del hogar de mi primo, no, ahora cotizamos salas de ensayo, con buena amplificación. No más practicas con horario ilimitado. No más “démosle una vuelta a eso y lo vemos mañana”. No más caminata de vuelta a casa comentando lo tocado, mientras el eterno viento de Quintero te golpeaba en la cara… Vale, lo de ahora suena bastante más “Pro”, hoy podemos conseguir mucho de lo que siempre quisimos, pero aún así, me dan nostalgia los antiguos y pequeños sacrificios, “tremendos” en su época, pero entrañables ahora. Mucha de la “magia” del sueño de la banda de rock, del anhelo de conseguir el éxito con ella, de la pasión, radicaba en estas situaciones, aunque me de cuenta de ello sólo ahora. Espero que esa "magia" siga allí. Me tinca que si.
En mi incansable apetito de investigación musical, me dio por descargar álbumes o canciones de grupos de rock chileno de los noventas, obras que fueron destacadas en su momento, pero que por alguna razón, borré de mi memoria primaria. Me refiero a bandas como Parkinson (por el vino me quedé aseeeeeeeee!!!), Los Peores de Chile, Machuca, Los Morton, Duna, Undergarden, Mandrácula, Ex, entre otras. Estoy especialmente alucinado con los dos discos de Venus, la primera banda de chicas del rock nacional, que allá por el 96, la rompieron con el hit "Borracho", que era parte del soundtrack de la teleserie Adrenalina, ¿se acuerdan? El año 98 grabaron un adelantadísimo disco industrial a lo NIN, que es lo máximo, de veras. Gracias a este blog, puede descargar ese disco aquí.
¿Recuerda usted algún otro músico o grupo nacional bueno de los noventa? Cuénteme y ayúdeme.
¿De que sirve ser fan de un artista por años, si cuando viene al país no lo vas a ver? No voy al Monster of Rock, o más bien: no voy a ver a Ozzy Osbourne. Quizás hace 3 años o más, no me lo hubiese perdonado, pero ahora, por momentos me da lo mismo, y eso que sé que posiblemente esta sea la última chance que tengo de ver al “Madman” en vivo. Extraño, lo sé, pero más allá del absurdo precio de las entradas -con recargo incluído, 26 mil pesos-, no me entusiasma demasiado encerrarme por algunas horas en una cancha y saltar a lo loco contra unas cuantas miles de personas. ¿Estaré muy viejo?
Nah, la culpa es el precio de las entradas, sin duda…

